ARCHIVO

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BARCELONA, FEBRERO 2011

HORACIO CASTELLANOS

MOYA

¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!

 

César Vallejo, Poemas humanos


 

¿Te quieres confesar, hijo? (Tirana memoria, p. 140)
¿Y qué es la literatura sino una larga confesión? Lo que pasa es que las confesiones a veces pueden ser aburridas. Como dicen, es la calidad del pecado la que da fruición a la confesión. [Pausa] No paramos de confesarnos. Porque no se puede parar de hablar. En el fondo sabemos que no sabemos, pero no lo queremos aceptar… y seguimos hablando.

¿De dónde sacaremos el valor para no hacer nada? (Tirana memoria, p. 241)
No tenemos valor para no hacer nada. Porque no hacer nada supone enfrentarse con uno mismo y es gracias a hacer cosas que podemos dejar de pensar en nosotros. Uno de los mayores esfuerzos del ser humano es por olvidarse a sí mismo. Todo eso que pasa dentro, todo ese invisible, hay que olvidarlo ¡y hay que estar hacia fuera…! Por suerte tenemos los sentidos. Sin ellos quién sabe qué sería de nosotros. ¡Seríamos una cosa horrible! Pero gracias a los sentidos encontramos formas de mantenernos hipnotizados y de estar haciendo siempre algo. Los momentitos en que podemos estar sin hacer nada ¡nos horrorizan!

¿Y entonces?... (Tirana memoria, p. 142)
¡Se sobrevive! Se busca un pequeño nicho donde pasar la tormenta. [Bebe] No hay progreso. Fuera de la tecnología.

¿Mataste a tu propio hermano?... (Con la congoja de la pasada tormenta, p. 129)
No… No. Pero, seguramente, hay alguien dentro de mí que podría matar a mi propio hermano. Si el crimen está en los orígenes, incluso en el de las religiones, es que forma parte de la especie. Una de las cosas más importantes que puede pasar con un libro es que te permita comprender que adentro de uno mismo está ese ser humano que puede matar a su hermano. Todo el proceso civilizatorio, precisamente, es para que el Caín que llevamos dentro no salga. No es que no exista. ¡No se le deja salir! ¡Es muy loco!

¿Qué lograste descubrir? (Donde no estén ustedes, p. 171)
Logré descubrir que dentro de mí había una intensa necesidad de expresión. Había algo que quería decir, y tenía que decirlo. El impulso original surgió en cierta época de mi vida ―probablemente en esos años de entrada a la adolescencia― donde se forjaron ciertas obsesiones. Como si mi psique no hubiera estado preparada para recibir determinadas impresiones demasiado fuertes relacionadas con la violencia, con la injusticia, con la canallada. Obsesiones que han alimentando mi escritura, sin importar el tipo de obra en que se han ido transformando con el paso del tiempo.

¿Todavía estás enojado? (Tirana memoria, p. 139)
La mayor parte del tiempo estoy enojado, sí. Hay una veta de resentimiento, en general, de la que salen historias. Va desde cosas concretas hasta lo que podríamos llamar una especie de rencor metafísico, en el sentido del absurdo: como ser humano en este planeta, con todas las cosas que veo, con la falta de sentido, con respecto a mis propias limitaciones. Un rencor que se origina en lo más trascendental y se expresa en lo más pequeño. Pero no todo el tiempo… ¡También puedo ser muy chistoso!

¿No te has resignado? (Desmoronamiento, p. 31)    
No. No me he resignado. El hombre somos muchos, es decir: cada hombre es muchos hombres, y, en ese sentido, hay alguien dentro de mí resignado, pero no está todo el tiempo al mando. Dentro de mí hay varios que están pasándose la batuta del mando, pero hay unos que están más tiempo. Y el que tiene que ver con la resignación está muy poco al frente. Son apenas algunos momentos de reflexión y de paz interior los que permiten la resignación. Pero una vez que bajo las escaleras, como dicen, vuelve la vida con su grosería.

¿Y vos en qué creés? (Con la congoja de la pasada tormenta, p. 216)
Creo en lo invisible. Y es algo que muy poco pensamos; muy poco pensamos en que somos invisibles. Aquello que estás viendo y oyendo de mí no es necesariamente lo que está pasando dentro de mí: eso es invisible. La literatura está hecha de lo invisible, la mayor parte de veces. Es lo que le da fuerza. Con las palabras puedes apelar, un poco más, a contar lo invisible ―algo prácticamente imposible de apresar mediante imágenes. Y todo el ejercicio del pensamiento y de las creencias existe en función de contar eso que no vemos de todos los hombres que habitan dentro del hombre. Algo que seguramente nunca nos vamos a poder explicar, pero que está ahí. No sé cómo surgió ni quién lo puso… ¡pero ahí está!

¿Nos vamos a pasar ahí la vida esperando a que un día nos sorprendan? (Tirana memoria, p. 216)
Es lo más triste que le puede pasar a alguien: ¡pasar esperando! Es una de las cosas más corrosivas y sin embargo esperamos y sin embargo parte de la vitalidad que nos mueve es ese anhelo de que algo nos pase. ¡Algo maravilloso! Pero no nos pasa… Ahí vamos con la espera a cuestas. ¡Y nos pasamos la vida esperando!... No importa qué.

¿Y qué te creías? (Tirana memoria, p. 135)
¡El intocable! ¿Ah? Otra de las series favoritas en mi niñez: “Los intocables”, con Eliot Ness. [Pausa] Es otro sueño, otra ilusión. Todos nos creemos intocables. [Silencio] Hasta que nos tocan.

¿Qué nuevo perjuicio, qué nuevo zarpazo le depara el destino para hacerle entender que su precipitado hundimiento sólo terminará con la muerte? (Donde no estén ustedes, p. 55)
Una vez que el destino ―o la manera en que suceden las cosas― se ensaña con alguien es ya muy difícil detenerlo. A veces ―eso es lo interesante―, sólo a veces, todo ese ensañamiento que parece venir de afuera nada más es la respuesta que da la vida a algo que viene de adentro de uno mismo. Cuando el ser humano llega a cierto nivel de ceguera y descontrol sobre las energías autodestructivas, por lo general, la vida reacciona con saña. Como el borracho que entra en la cantina gritando “¿¡Quién me va a pegar!?” y, entonces, todos se dan la vuelta y le pegan. Nadie puede lamentarse por eso.

¿Y qué vamos a hacer? (Con la congoja de la pasada tormenta, p. 62)
Los mayores esfuerzos para ver cómo acabamos con nosotros. Nos ha costado muchísimo pero yo creo que lo vamos a lograr. [Pausa] Creo que sí.